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ENFERMEDADES  RELACIONADAS  O  PROVOCADAS  POR  EL  MERCURIO

La Dra. Hulda Clark afirma que el Mercurio metílico pasa desde el intestino a la circulación sanguínea y finalmente a los órganos y nervios. También se fija mucho mercurio en los huesos y en las articulaciones. El Mercurio también se difunda a través de las encías, las raíces dentales y la mandíbula hasta el sistema nervioso central y el cerebro (en 48 horas). El nervio trigémino de personas con empastes está lleno de mercurio, plata y estaño, y provoca el rechinamiento de los dientes.

Se demostró en varios experimentos que el Mercurio sale de los empastes de amalgama y puede ser acogido por el cuerpo.

No hay ninguna duda de que muchos síntomas, entre ellos: fatiga, depresión, irritabilidad, vértigo, amnesia, inflamación bucal, diarrea, inapetencia, catarros crónicos (inflamación de mucosas) son muchas veces ocasionados por el mercurio al que el cuerpo está expuesto por sus empastes de amalgama, en cantidades pequeñas pero continuas.

Los médicos deben prestar seria atención a este hecho. Entonces se comprobará que el uso despreocupado de la amalgama como empaste dental ha sido y es un delito grave contra la humanidad.

Los principales y primeros síntomas del envenenamiento con mercurio son los siguientes:

Depresiones leves, temblores en las manos, pies y manos fríos, perturbación del sueño, entumecimiento, colesterol alto, pérdida de memoria, fatiga, problemas en las articulaciones. Hay muchos más.

Efectos psíquicos:

Ansiedad, inestabilidad emocional, timidez, síndrome de cansancio (crónico), disminución de la memoria, alteración del sueño, depresiones, tendencia al suicidio, pérdida de confianza en si mismo, negatividad, nerviosismo, falta de estímulos, falta de energía, pasividad, adicciones, indecisión, excitabilidad, epilepsia, hiperactividad de los niños, autismo, disminución de la capacidad de reacción, esclerosis múltiple, parkinson, alzheimer…

Efectos físicos:

Manos y pies fríos, sudor durante la noche, dolores crónicos, dolores de cabeza, pérdida de apetito, peso alto o bajo, herpes, alzheimer, infertilidad, estreñimiento, problemas en las articulaciones (dolores), pérdida del pelo, impotencia, artritis, sabor metálico en la boca, debilidad general, resistencia a antibióticos, anemia, asma, tensión sanguínea alta, eczemas en la piel, trastornos hormonales, colesterol alto, problemas de audición, problemas de visión, susceptibilidad a infecciones, enfermedades del hígado (función limitada) enfermedades de riñones (idem), dislexia, palpitaciones en la boca, dolores de espalda, debilidad del sistema inmunológico, temblor de manos, sangrado de encías, úlceras en la boca, glaucoma, enfermedades del intestino, del estómago, aritmia cardíaca, sensibilidad alimenticia, enfermedades virales, de hongos, cándida, lupus, alergias, trastornos de las tiroides, de las suprarrenales, vértigo, transpiración abundante, ciática (dolores constantes), lumbago, colitis, cáncer, reuma, crohn…

Los metales pesados funcionan como antenas para la contaminación electromagnéticas.

Como hemos visto el mercurio se fija en diferentes partes del cuerpo humano. Principalmente afecta a órganos como el hígado, los riñones y el corazón, provocando diferentes alteraciones en ellos. Pero también afecta las articulaciones, al tracto intestinal, a los huesos, a la sangre y especialmente a todo el sistema nervioso incluido el cerebro.

En las células nerviosas el mercurio es responsable de la destrucción parcial de los microtúbulos, inhibiendo así el transporte axional adecuado. Asi estas células no pueden desahacerse de otras neurotoxinas y otros residuos.

Esto provoca cambios emocionales (sistema límbico), perturbaciones del sistema auditivo y visual y otros síntomas del sistema nervioso, no siempre provocado por el mercurio mismo.

En el espacio intracelular el mercurio provoca daños en las mitocondrias, nuestras fábricas de energía (fatiga).

Los microorganismos que están constantemente en contacto con el mercurio en la boca no sólo desarrollan una resistencia contra el mismo, sino también contra antibióticos.

La Dra. Hulda Clark afirma que el traspaso de la madre al feto y al bebé provoca un crecimiento retrasado del tejido nervioso, un cerebro más pequeño, menos peso corporal y un sistema inmunitario incompleto, por lo que su potencial genético tiene menos posibilidades de evolucionar (también parece relacionado con el autismo).

Gracias a los métodos de desintoxicación este retraso se puede recuperar en el primer año de vida.

Muchos cánceres y enfermedades infecciosas son un intento del cuerpo de inmovilizar las neurotoxinas que tenemos todos en nuestro cuerpo.

En el centro de muchos tumores se han detectado concentraciones elevadas de neurotoxinas, especialmente mercurio.

También enfermedades provocadas por streptococos, stafilococos, cándida y herpes están relacionas con la intoxicación por metales pesados.