EL PROBLEMA DEL AGUA
Para la Dra. Hulda Clark los cincos inmunodepresores más importantes se pueden encontrar en las aguas del consumo habitual:
– PCBs, Benceno, Amianto, Colorantes, y Metales Pesados.
El problema no es la procedencia del agua, sino el cloro que se le añade a esta agua.
La Dra. Hulda Clark, durante sus años de investigación, detectó que en todos sus pacientes de cáncer se encontraban los cinco inmunodepresores enumerados, además de otros tóxicos, entre los que se encontraban partículas radioactivas. Al final de su investigación llegó a la conclusión de que todos estaban presentes en el cloro que se añadía al agua pública.
La diferencia entre los enfermos de cáncer y las personas que no lo padecen radica en la existencia de dos tipos de agua, o más bien de dos tipos de cloro añadido.
El más tóxico es aquel en el que encontramos ferrocianida potásica y por tanto el que nos conducirá a desarrollar cáncer. Y por otro lado está el cloro aprobado por la NSF (Fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos de América), en el que encontramos ferricianida potásica, que según los estudios de la Dra. Clark no nos llevará a padecer cáncer, aunque sí nos puede causar otro tipo de patologías graves.
Dentro de los cloros nos encontramos con que la toxicidad cambia dependiendo de la zona geográfica. Los enfermos de cáncer en Europa han ingerido un cloro muy alto en Polonio (radioactivo) y colorantes azoicos, pero menos alto en Benceno y PCBs que en otras zona del mundo.
Todos los cloros utilizados, es decir, tanto el aprobado por la NSF como los otros, presentan partículas de polonio y cerio (elemento lantánido), que son los dos primeros eslabones en la cadena formadora de un cáncer. La diferencia entre aquellos que van a padecer un cáncer y aquellos que no radica en el tercer eslabón: que es la partícula de ferrocianida (para los que padecen cáncer) o de ferricianida (para los que no lo padecen).
En los cloros causantes de cáncer la Dra. Hulda Clark encontró radiación alfa, antimonio, arsénico, amianto, colorantes azoicos, bario, benceno, boro, cadmio y otros agentes tóxicos.
¿Qué agua debemos utilizar para beber y cocinar?
Las aguas minerales, por lo general, son de buena calidad, pero en sus procesos de manipulación y envasado se cargan de tóxicos, por lo que el peligro de ingerirlas no estaría en el propio agua, sino en los tóxicos que ha acumulado.
Muchas de las marcas que se han testado con el “Sincrómetro” de la Dra. Hulda Clark poseen los cinco inmunodepresores, además de partículas de cloro no apto que puede que lleguen al agua, procedentes de las máquinas de envasado o de los propios envases.
La mejor forma de conseguir agua de buena calidad es destilársela uno mismo o instalarse una osmosis inversa. Y por supuesto, utilizar recipientes plásticos de polietileno 2 o vidrio para contenerla, puesto que otro tipo de material en el envase, incluido el plástico utilizado normalmente en muchas aguas minerales, podría contaminarla.
Comprar agua ya destilada no es una buena idea porque por lo general también presentan partículas tóxicas por el mismo motivo que las aguas minerales.
Hay veneno en el agua potable – Sept. 17. 2010
La historia de forzar el flúor en los humanos a través de la fluoración del agua potable se hace con mentiras, engaño y codicia.
The Real Agenda comenzó una campaña contra la fluoración del agua. Como parte de esta campaña, creamos folletos que se pueden obtener en nuestro sitio de forma gratuita. Estos se pueden imprimir y distribuir a las personas en su ciudad. La idea es educar a la población sobre los peligros del uso de flúor en el agua potable, una práctica que se ha utilizado durante muchos años con la intención de mejorar la salud oral. En realidad, sin embargo, el flúor es un ingrediente que no debe estar en el agua que bebemos porque es un residuo tóxico originado en actividades industriales que se usa comúnmente en pesticidas y otros químicos tóxicos.
Lea más sobre la historia del flúor, cómo y por qué fue puesto en el agua potable en nuestro artículo titulado: La fluoración del agua: el caso más grande de fraude científico del siglo.
